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domingo, 22 de abril de 2018

Adolfo Luelmo, décimo dan de Kenpo Karate


Adolfo Luelmo se convirtió el pasado sábado 21 de abril en el primer español que alcanza el cinturón negro décimo dan de Kenpo Americano, otorgado por el Gran Maestro norteamericano Larry Tatum.

En una emocionante ceremonia que culminó la reciente visita de Tatum a España -donde ofreció varios seminarios y una Master Class-, el mejor kenpoísta vivo en activo del mundo impuso el máximo grado de nuestro arte marcial a Luelmo, que asume de esta manera la categoría de Gran Maestro.

En el acto, que se desarrolló en el polideportivo La Alamedilla de Méntrida (Toledo), el presidente de la LTKKA (Larry Tatum Kenpo Karate Association) también impuso el noveno dan a Asís Camacho, incansable compañero y colaborador de Luelmo a lo largo de su trayectoria como kenpoísta.

En el siguiente video podemos apreciar el desarrollo de la ceremonia, en la cual Adolfo Luelmo dedica su décimo dan a la memoria de su padre, quien le inició en las artes marciales.







  

lunes, 1 de enero de 2018

Linaje

En las artes marciales, como en muchos otros ámbitos de la vida, hay falsos maestros dispuestos a quedarse con nuestro tiempo, nuestro dinero y nuestro esfuerzo a cambio de nada. 

Basta un poco de destreza técnica, una figura atractiva físicamente y algo de labia, unido todo ello a un pasado oscuro o poco rastreable, para convencer a un principiante de que se encuentra delante de alguien al que merece la pena seguir.

Si estás interesado en iniciar un camino marcial verídico, no puedes limitarte al hecho de que el gimnasio quede cerca de tu casa o a que el precio de la clase te parezca adecuado. Lo más importante es, sin duda, quién te guiará en tu aprendizaje.

Una buena pista para conocer la calidad del Maestro con el que te has comprometido es su linaje. Todas las personas dignas de semejante título pertenecen a un linaje que puede rastrearse en el tiempo, de Maestro a discípulo que, a su vez, se convierte en Maestro de nuevos discípulos.

En el caso del Kenpo Americano, en España, hay uno muy claro. Nace de Ed Parker...


... Continúa en Larry Tatum, discípulo de Parker...


...Y culmina en Adolfo Luelmo, discípulo de Tatum.


Parker falleció y Tatum enseña en California (EE.UU.), pero Luelmo reside en Madrid. Con su noveno dan, es la opción de mayor calidad para la enseñanza del Kenpo Americano más actualizado y eficiente al alcance de los artistas marciales españoles.








miércoles, 31 de mayo de 2017

El guerrero en el jardín


Un elevado porcentaje de las personas que no practican artes marciales y que apenas las conoce más allá de haber visto su uso en las películas cree que los kenpoístas -y, del mismo modo, los karatekas, los judokas, los aikidokas o cualesquiera otros alumnos de este camino de perfeccionamiento personal- aspiran únicamente a convertirse en "tipos duros" que "saben pegar" y que, en el fondo, lo que querrían sería hacer de policías paralelos "limpiando" los barrios conflictivos de su ciudad. En su imaginación, alimentada por su desconocimiento, son la vanidad y el narcisismo los únicos motores capaces de llevar a una persona a entrenar varios días a la semana durante años, dedicando tanto tiempo, tanto esfuerzo, tanto dinero y -cuando vienen las lesiones- tanta salud, sólo para poder decir al fin y al cabo: "Cuidado conmigo que soy peligroso"...

Nada más alejado de la realidad. Siendo cierto que algunos pueden iniciarse en el camino de las artes marciales con la fantasía de convertirse poco menos que en samurais y siendo igualmente cierto que la consecución de un cinturón alto puede suponer un momentáneo baño de legítimo orgullo y autoestima, no lo es menos que nadie llegará verdaderamente lejos en el camino del Kenpo si sólo avanza por él con la intención de encumbrar su importancia personal.

Al contrario, un arte marcial enseña muchas virtudes incompatibles con esta desorientación del alma. Cuando uno trabaja bien consigo mismo, lo hace también con valores como la humildad (cuando descubres que siempre, hagas lo que hagas, hay alguien que lo hace mejor que tú..., sin contar al maestro), la disciplina (que, entre otras cosas, te demuestra la importancia de ser lo más impecable posible), la responsabilidad (que te ayuda a pacificarte interiormente, pues sabes lo que podrías llegar a hacer si no te controlaras a ti mismo), el honor (con el que respetas a los demás y, sobre todo, a tu ser interior) o la camaradería (cuando aprendes a valorar el esfuerzo ajeno, tan valioso como el tuyo), entre otras muchas. 

Un kenpoísta bien formado y con los años suficientes de práctica sabe que, por muchos campeonatos en los que participe, por muchos adversarios que tenga sobre el tatami, por muchos rivales que deba afrontar en la calle, todos esos enemigos externos no serán sino meros reflejos de la única persona con la que debe combatir y con la que de hecho siempre lo hará hasta el final de sus días: contra sí mismo. En el fondo, lo que estamos aprendiendo con un arte marcial es a mejorar nuestro interior, aunque eso tenga su inevitable reflejo en el exterior. Los maestros más poderosos y con mayores conocimientos suelen ser precisamente los más tranquilos, los que evitan enfrentamientos y peleas e incluso se retiran sin inmutarse aunque les insulten o les llamen cobardes, porque saben lo suficiente sobre sí mismos y sobre quienes pretenden retarles sin ser dignos de ello como para concluir que podrían derrotarles con facilidad y contundencia... Y ya no necesitan demostrar nada a nadie.

- Pero entonces ¿para que entrenarse tanto? ¿Para que aprender tantos tipos de golpes, de derribos, de estrangulamientos..., si no queréis usarlos en el mundo real? -pregunta el neófito.

Hay un viejo cuento que explica eso. Aquél en el que un estudiante de artes marciales, confundido, le pregunta al maestro por qué al mismo tiempo que le está convirtiendo en un guerrero temible le habla constantemente de la conveniencia de ser pacífico y no enfrentarse con nadie. Y el maestro le contesta que es mejor ser un guerrero en un jardín que un jardinero en una guerra.

Un kenpoísta digno de su arte marcial no lo aprende para pegarse con los demás gratuitamente y nunca iniciará una pelea con otra persona. De hecho, es probable que fuera del dojo nunca llegue a utilizar las técnicas o sus habilidades de combate en un enfrentamiento real. Sin embargo, en el caso de que su vida o la de sus seres queridos se encontrara repentinamente amenazada, si de pronto se viera empujado sin desearlo ante una situación de violencia y peligro que no puede ser evitada ni solucionada con palabras, entonces es justo y obligado que utilice el Kenpo para defenderse, siempre de forma proporcionada a la amenaza.

Es como si te preguntaran para qué aprendes a nadar si vives en el campo y no piensas viajar nunca a la costa. El día que, por accidente o imprudencia, caigas al río, comprenderás su utilidad.